La introducción de la nueva asignatura Ciencias para
el Mundo Contemporáneo, prevista como materia común
según la Ley Orgánica de Enseñanza en los estudios de 1º
de bachillerato, incluye ya nociones de Bioética dentro de
sus contenidos.
Esta novedosa situación parece no haber recibido la
atención que merece por los medios de comunicación. Sin
embargo, ello supone que temas que constituyen el ámbito
de reflexión de juristas, científicos y profesionales del
ámbito sanitario están llegando ya a las aulas de nuestros
adolescentes sin que exista consenso social sobre ellos. Es
evidente que muchos de los temas que son el objeto de la
bioética acaparan por su interés la atención de la opinión
pública. Por esta razón podría ser bienvenida la idea de
hacerlos llegar también al público más joven, pero no se
debería olvidar que el atractivo de esos temas está
precisamente en la controversia ética que llevan aparejada.
Otros muchos avances científicos llenan las páginas
de prestigiosas publicaciones científicas semana tras
semana y mes tras mes. Sin embargo, los temas que dan
lugar a los más acalorados debates son aquellos en los que
las decisiones a tomar confrontan a sus protagonistas,
médicos o enfermos, con dilemas morales de difícil
solución: experimentaciones de dudosa moralidad,
neonatos de impredecible viabilidad o abocados a vidas de
sufrimiento, enfermos crónicos que reniegan de su vida,
embriones para los que no existe una fácil salida, nuevas
técnicas de reproducción asistida de impredecibles
repercusiones, actuaciones que podrían considerarse
eugenésicas,… ¿Serán estos temas fáciles de abordar por
un profesorado al que hay que suponer mayoritariamente
no experto en Bioética?.
El Real Decreto de Bachillerato incluye bajo el
apartado “Vivir más, vivir mejor” contenidos como la revolución genética, las tecnologías
del ADN recombinante y las aplicaciones de la ingeniería genética, la reproducción
asistida, las células madre embrionarias y, por supuesto, la clonación y sus aplicaciones.
Se dirá que la intención subyacente a estos temas es transmitir interés sobre los avances
científicos pero, ¿qué enfoque ético se aportará a los alumnos? En no pocos casos es más
que probable que se transmita, en aras de una malentendida neutralidad, la idea de que
“todo lo que se puede hacer se debe hacer”, uniendo los avances científicos a un enfoque
utilitarista que deje al margen las consideraciones sobre la dignidad del ser humano.
No olvidemos que el colegio no es un ámbito de reflexión como los comités de ética o
los cursos o másters de Bioética al uso y que los adolescentes no tienen globalmente aún
la misma capacidad crítica que se le puede exigir a un universitario. En los centros
educativos escolares, los alumnos serán evaluados muy probablemente en base a la
concordancia de sus opiniones con las opiniones del profesor correspondiente.
De hecho, en algunos libros de texto se pide al alumnado que exprese sus puntos de
vista sobre la eutanasia (tema que, por cierto, no figura entre los contenidos propuestos
oficialmente). ¿Cómo se puntuarán las opiniones divergentes con las del profesorado?.
Por otra parte, el
Real Decreto incluye
aspectos ciertamente
debatibles, como la
obligación de
“fundamentar la necesidad
de un organismo
internacional que arbitre
en los casos que afecten a
la dignidad humana”
olvidando que los comités
de bioética son sólo
órganos consultivos y
nunca decisorios, ya que
no pretenden reemplazar
la responsabilidad
individual, o la propuesta
de discernir un
antagonismo entre
“evidencia científica frente a creencias”, lo que puede crear conflictos innecesariamente.
Deber de exigencia formativa
Sin entrar a juzgar la oportunidad de estos planteamientos, parece de mayor interés
considerar los retos y desafíos que la nueva situación nos puede plantear. En concreto,
podríamos aceptar que estamos ante una nueva exigencia formativa, pero este deber de
actualizar conocimientos no se refiere sólo a los titulados en Magisterio sino también a los
padres en general que, no lo olvidemos, son o deberían ser los principales responsables
de la educación moral de sus hijos.
Por tanto, la introducción de materias específicas de Bioética en la escuela, además
de estimular el interés de los padres por lo que se les explica a sus hijos en clase, debería
ser un acicate para mejorar la propia formación personal y profundizar en los razonamientos
que sustentan las propias convicciones éticas en vez de inhibirse del debate ético
social. Existe para ello abundante material escrito, manuales, libros sobre temas específicos
y también páginas de alta calidad en la red. El desafío está lanzado. Cada uno de los
implicados deberá decidir si lo quiere aceptar.