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LA ENFERMEDAD DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD
Algunas de las últimas actuaciones de la Organización mundial de la Salud (OMS) han hecho pensar a observadores neutrales que este organismo internacional parece no gozar de demasiada buena salud.
De hecho, ante las críticas recibidas en el Consejo de Europa sobre la gestión sobre la gripe A, el director adjunto de la OMS, Keiji Fukuda, intentó justificar su actuación sobre la alerta de pandemia, que muchos han considerado excesiva, a pesar de que muchos países se han encontrado con millones de vacunas sobrantes. Esta negación de la realidad, que haría las delicias de más de un psicoanalista, ha sido también criticada por la Comisión de Salud del Consejo de Europa, recordándose que esta situación ya es la segunda vez que ocurre, puesto que con la gripe aviar (SARS) se vivió una alerta similar.
El presidente de la Organización Médica Colegial ha ido aún más lejos en el juicio sobre la actuación de la OMS y ha afirmado que tras superar esta crisis de credibilidad, la OMS debería apostar por romper sus vínculos con la empresa privada porque “en el momento en que tu presupuesto depende en un porcentaje alto de la iniciativa privada siempre hay riesgos”. Así, a pesar de la declarada participación de expertos en el plan de vacunación diseñado por la OMS, responsables de salud del Consejo de Europa han afirmado que los niños “fueron vacunados inútilmente” con dosis sólo probadas con adultos y, por si esto fuera poco, podría existir el riesgo de cáncer en esos menores debido a las células cancerígenas que, al parecer, se han determinado que existe en una de las vacunas comercializadas. En una entrevista a ITN News en septiembre de 2009, el doctor Tom Jefferson, jefe de estudios de vacunas en la Cochrane Database, dijo claramente que la pandemia de gripe porcina "es un monstruo que ellos [la OMS, los organismos gubernamentales y los fabricantes de vacunas] han creado".
No es ésta la única muestra de deriva mental de esta organización dependiente de la ONU. Durante décadas sus máximos responsables han apostado por los planes de control de la natalidad a nivel planetario, siguiendo las teorías esgrimidas por Thomas Malthus, advirtiendo continuamente de los riesgos de la superpoblación. Esos postulados han llevado a derivar fondos económicos y recursos ingentes, año tras año, dirigidos a fomentar medidas de anticoncepción.
Sin embargo, el informe Envejecimiento de la población mundial 2009, elaborado por Naciones Unidas, reconoce que el envejecimiento actual es lo que debería realmente preocuparnos y ser objeto de estrategias demográficas ya que, si no se realizan medidas correctoras, en los próximos 35 años el número de personas de más de 60 años superará al de los menores de 15. Esta inversión de la pirámide demográfica está ya afectando a casi todos los países del mundo y las consecuencias serán, según el informe, el recorte de la mano de obra, un menor crecimiento económico y una dificultad claramente aumentada para mantener subsidiariamente a las personas improductivas.
Asimismo, iniciativas bienintencionadas como algunos ambiciosos programas para frenar la pandemia del SIDA en países en vías de desarrollo, haciendo llegar medicación a los millones de pacientes seropositivos de estos países, tampoco parecen haber dado lugar a los éxitos deseados. Buceando en las causas de que, una vez más, se hayan frustrado las expectativas creadas, analistas como Arthur Ammann, presidente de la organización
Estrategias Mundiales para la Prevención del VIH, denunciaba ya en 2005 que luchar contra una epidemia de tales dimensiones necesita pruebas diagnósticas, que se integren las estrategias de prevención y tratamiento, evitar el contagio de madre a hijo y el acceso a las terapias de todos los que las necesiten. "Las iniciativas focalizadas en el acceso a los antiretrovirales únicamente responden a uno de estos aspectos" y, además, la excesiva burocratización de la OMS dificulta el trabajo de las ONGs y entidades locales implicadas directamente con estos enfermos. Según este experto "la última cosa que necesitan estas personas es más barreras impuestas internacionalmente”
Por otra parte, no son una novedad las críticas a la OMS por su falta de transparencia y por su unilateralismo en su política sanitaria. Hace cuatro años también se desencadenaron críticas debido a la inclusión de dos medicamentos abortivos en su lista de "medicinas esenciales" con el fin - según se decía- de ofrecer una alternativa al aborto quirúrgico, frecuente en los países en desarrollo. En cambio, suelen ser silenciados metaánálisis como el publicado la revista Obstetrics & Gynecology en 2007 en el que se revisaban 717 artículos concluyéndose que el mayor acceso a la contracepción de emergencia no logra disminuir las tasas de abortos o embarazos no deseados, posible-mente debido al aumento de la promiscuidad originado entre jóvenes y adolescentes al liberalizar este tipo de fármacos (Obstet & Gynecol 2007; 109: 181-88)
Por todo ello, se puede afirmar sin riesgo a equivocarse que la OMS no parece pa-sar por uno de sus mejores momentos de credibilidad. La miopía ante la inversión demográfica, su arteriosclerosis para detectar medidas de actuación más eficaces en la lucha contra el SIDA o su obnubilación para asumir los errores de campañas tan mal planificadas como las de los brotes de gripe, la hacen merecedora de una terapia urgente de regeneración de sus cuadros directivos y de algunas de las entidades en las que se apoya.
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