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Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI)

LOS LÍMITES ÉTICOS DE LA SEDACIÓN

Alvaro Gándara del Castillo
Presidente de la Asociación Madrileña de Cuidados Paliativos

El diccionario de la Real Academia Española define sedar como "Apaciguar, sosegar, calmar"; esta definición sirve para enmarcar las condiciones éticas en las que se debe regir la sedación, maniobra terapéutica que se utiliza en el ámbito de los Cuidados Paliativos de forma habitual. Así pues, podríamos decir que la sedación es una maniobra que consiste en administrar fármacos psicótropos con la intención de disminuir el nivel de conciencia. En el caso de los Cuidados Paliativos, no debe utilizarse la terminología "terminal", pues conlleva un significado peyorativo; en este caso se habla de sedación paliativa, y se define como la administración deliberada de fármacos en las dosis y combinaciones requeridas, para reducir la conciencia de un paciente con enfermedad avanzada o terminal, tanto como sea preciso para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios, y con el consentimiento explícito, implícito o delegado del paciente. Es conveniente distinguir una forma de sedación paliativa, que es la sedación en la agonía, y es la que se usa en aquellos pacientes en los que se prevé una muerte próxima. Son varios los aspectos éticos en torno a la sedación que hay que tener en cuenta:

• Debe existir un síntoma refractario, es decir, que no puede ser controlado por ninguna maniobra terapéutica habitual, en un plazo razonable, y siempre que dicho síntoma suponga un grave sufrimiento del paciente.

• Dichos intentos de tratamientos previos deben ser reflejados en la historia clínica

• La intención clara es la de aliviar

el sufrimiento. Para ello debe elegirse el fármaco más adecuado, a la dosis mínima eficaz, con una correcta monitorización de la dosis-efecto (nivel de conciencia); y siempre debe de existir la posibilidad de una rápida reversibilidad de la sedación.

• Siempre debe existir el consentimiento informado del paciente: implícito, explícito o delegado. Lo ideal es que este consentimiento se conceda en una situación previa, en condiciones de autonomía y competencia plenas. Para ello es importante que se refleje en la historia clínica, o bien que se incluya en las voluntades anticipadas.

Es fundamental establecer las diferencias entre la sedación y la eutanasia. En el caso de la sedación, la intención es el alivio del sufrimiento mediante la disminución de la conciencia, y por lo tanto, la desaparición del síntoma; en la eutanasia el alivio se consigue mediante la muerte del paciente. La dosis utilizada en la sedación es la mínima eficaz, mientras que en la eutanasia se utilizan dosis letales, y esto evidentemente implica la irreversibilidad del proceso en este caso.

Como dice el Dr. González Barón, "la eutanasia pretende eliminar al paciente para que no sufra, mientras que la sedación elimina el sufrimiento del paciente… aunque se esté muriendo". La sedación es una maniobra muy utilizada en el ámbito de los cuidados paliativos, tal y como lo avalan multitud de trabajos científicos, y en los que, según los autores, llegan a un 30-40 % de casos de sedación en la agonía. Y según se ha demostrado, no está claro que se acelere la muerte. Es claro, que como cualquier otra maniobra terapéutica, debe de ser instaurada por personal experto, en el lugar idóneo (domicilio o servicios de cuidados paliativos) y de acuerdo a los protocolos avalados por la comunidad científica.

Año V / Nº 14 / Marzo 2008